España ocupa una posición destacada en el ranking internacional del turismo, constituyendo además una de las actividades económicas más importantes de la economía nacional, como puede observarse en su aportación al PIB y en el empleo generado. El turismo constituye, desde la década de los 60, un fenómeno de primer orden en nuestro país con importantes repercusiones económicas, sociales y demográficas.
Evolución del turismo en España
Superada la crisis de posguerra tras la Segunda Guerra Mundial, los países de Europa occidental experimentaron un fuerte crecimiento económico que posibilitó el establecimiento del Estado de Bienestar. Esto se evidenció en la generalización de las vacaciones pagadas que dio inicio al turismo de masas a partir de la década de 1960. Uno de los destinos preferentes de dicho turismo fue España, debido a los precios tan competitivos que ofrecía, producto del bajo nivel de vida; sus excelentes condicionantes físicos para el turismo de sol y playa; su rico patrimonio histórico-artístico; y el exotismo que suponía para los europeos del centro y el norte debido a su atraso, y a elementos culturales como los toros, el flamenco y la Semana Santa, todos ellos, convertidos en estereotipo de lo hispano.
Desde este momento, el turismo fue para España una fuente esencial de divisas que permitió, junto al dinero proveniente de la emigración, tornar en positivo la tradicional balanza comercial negativa. Todo ello, supuso un impulso fundamental para la política del Desarrollismo franquista que permitió la modernización y el crecimiento económico de España. A su vez, la llegada de miles de visitantes de la Europa democrática, contribuyó a la modernización y apertura de la sociedad y de las mentalidades, base del posterior proceso de Transición tras la muerte del dictador en 1975.
El modelo turístico tradicional de sol y playa, caracterizado por una oferta abundante y barata y muy concentrado en la zona mediterránea y los archipiélagos durante la época estival, tuvo un predominio absoluto durante los primeros años. De 1973 a 1985 entró en crisis, ya que el número de turistas y de ingresos crecía a un ritmo más bajo que el mundial. A la crisis económica mundial se sumaron otros factores, como la falta de oferta diversificada y adaptada a las nuevas modalidades turísticas y la aparición de nuevos destinos turísticos competidores en áreas como el norte de África, el Caribe o el sureste asiático. Desde mediados de los años 80 el sector recuperó el ritmo ascendente de turistas e ingresos. Este auge se explica por la entrada de España en la CEE en 1986, el crecimiento del turismo interno y el inicio de la reconversión a un nuevo modelo de turismo basado en la calidad, la diversificación de la oferta y la sostenibilidad medioambiental (compensando el descenso del número de turistas con el incremento de los ingresos). A pesar de todo, esta reconversión no ha terminado completamente y en la actualidad sigue predominando el modelo masivo de “sol y playa”.
Consecuencias del turismo en España
El turismo ocasiona importantes repercusiones en las áreas receptoras. Su intensidad es mayor en las zonas turísticas tradicionales del litoral, pero afectan también resto de las áreas.
Demográficas: En las áreas litorales incrementa los efectivos de población y aumenta la población ocupada en el sector terciario y en la construcción; en ciertas áreas en declive, ha frenado el despoblamiento y estimulado la revitalización.
En el poblamiento: En el litoral, extiende el poblamiento urbano y favorece la formación de conurbaciones. Además, suele provocar alta densidad de construcción y especulación del suelo. En algunos espacios rurales, de montaña, urbanos, ha colaborado a la rehabilitación del patrimonio edificado.
Económicas: El turismo genera más del 13% del empleo (aunque gran parte de este empleo es estacional) y del PIB (lo que permite compensar la balanza comercial), constituyendo uno de los pilares básicos de la economía española. Sin embargo, a veces ocasiona una subida excesiva de los precios que repercute negativamente en la población residente El turismo ejerce un efecto multiplicador sobre otras actividades económicas que se ven estimuladas por la demanda turística (agricultura, industria, comercio o construcción). En cambio, en otros casos, el turismo ocasiona una excesiva especialización en las actividades más demandadas por los turistas, favoreciendo el abandono de las tradicionales, como las agrarias; o entra en conflicto con otras actividades por el uso de ciertos recursos naturales como el suelo o el agua. También influye en la política de transportes, orientándose a dotar de buena accesibilidad a los núcleos turísticos (autopista del Mediterráneo). También ha contribuido a ampliar y modernizar los aeropuertos y los puertos.
Políticas, culturales y sociológicas. Fomenta el contacto con otras personas, culturas, y entre Estados. También incide sobre la sociedad local, positivamente cuando estimula la modernización social, y negativamente cuando conlleva la pérdida de las señas de identidad propias, o cuando empeora la calidad de vida de los residentes.
Medioambientales. Las repercusiones económicas centraron durante mucho tiempo las preocupaciones sobre el turismo, pero los efectos negativos de la incidencia medio ambiental no se han hecho esperar tras la fase expansiva (fundamentalmente en gran parte de la Costa Mediterránea). Esto se ha debido al desarrollo del sector en poco tiempo, en un espacio reducido y en un momento en el que no se tenían en cuenta los impactos medioambientales.
Los impactos ambientales se pueden concretar en los siguientes aspectos:
- Alteración irreversible en el paisaje relacionada con una actividad constructiva excesiva (proliferación de infraestructuras y construcciones).
- La invasión masiva de zonas naturales con riesgos para la fauna y flora autóctona: destrucción, por ocupación de espacios naturales de gran valor paisajístico o ecológico (Albufera, salinas y dunas de Torrevieja, la Manga del Mar Menor, Doñana amenazada por la urbanización de Matalascañas...).
- Disminución del suelo agrícola y forestal por el aumento de construcciones.
- Aumento de la contaminación del agua, acústica, atmosférica y de residuos (inicialmente no suele prepararse una infraestructura suficiente para minimizar su impacto).
En la actualidad la política turística está teniendo en cuenta todos estos problemas tratando de conseguir un turismo más sostenible (medidas que evalúan el impacto medioambiental de los proyectos, regeneración de espacios deteriorados, cuidado en la estética paisajística integrando las construcciones en el medio…), capaz de atraer a clientes que cada vez más valoran el respeto medioambiental y buscan alejarse de zonas masificadas con escaso contacto con la naturaleza.


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