La industria en España, como en cualquier otro lugar del mundo, no surge por azar. Existen diversos factores que influyen en su desarrollo y localización, y entenderlos es clave para comprender la realidad industrial de nuestro país.
Los factores históricos hacen referencia al peso del pasado industrial en determinadas regiones, lo que explica por qué algunas zonas siguen teniendo un alto nivel de actividad.
Los factores económicos son especialmente relevantes: políticas industriales (tanto nacionales como europeas), estructura empresarial, disponibilidad y cualificación de la mano de obra, red de transportes y comunicaciones, acceso al capital o ayudas públicas.
Por último, no podemos olvidar los factores naturales, relacionados principalmente con la disponibilidad de materias primas y fuentes de energía, imprescindibles para el desarrollo industrial, aunque su importancia ha disminuido en las últimas décadas.
1.1. Materias primas y fuentes de energía
✓ Las MATERIAS PRIMAS pueden ser de origen orgánico o geológico (minerales y rocas), siendo estás últimas las que tienen más peso en la industria. Hoy día, nuestro territorio es deficitario en minerales metálicos (como el cobre, hierro, níquel, cinc o plomo) tras una historia de larga e intensa explotación: el cierre de importantes minas obliga en la actualidad a que se importen en su mayoría. Por contra, España ocupa un lugar destacado en la producción de minerales no metálicos (destacan la sal y el cuarzo) y rocas (arcilla, basalto, granito y mármol). La importancia de la minería en nuestra economía es escasa (1% del PIB) y se encuentra en declive, debido a la competencia de países en vías de desarrollo y a las limitaciones impuestas por la UE.
✓ Las FUENTES DE ENERGÍA aportan a la industria la energía necesaria para transformar las materias primas. España es un país deficitario en fuentes de energía no renovables, las cuales, aun siendo altamente contaminantes, son las más competitivas y usadas en la actualidad:
La producción nacional de carbón es cara y deficitaria, por lo que es necesario importar gran parte de otros países (EE.UU., Sudáfrica, Colombia, etc.). El carbón se emplea fundamentalmente en la producción de electricidad en centrales térmicas, aunque su uso tiende a descender. Las principales cuencas son la asturiana-leonesa-palentina y la de Teruel.
Nuestra producción de petróleo es completamente deficitaria. Concentrada en los yacimientos de Tarragona y Burgos, constituye sólo el 1% de la demanda, lo que obliga a importarlo (Oriente Medio, Nigeria, México, Venezuela, Rusia…). El destino del petróleo es la producción de electricidad en centrales térmicas y, sobre todo, la obtención de derivados en refinerías para su uso en el transporte y la industria (gasóleo, gasolina, fueloil, keroseno, asfalto); y en industrias petroquímicas (azufre, amoniaco, acetona). Aunque su consumo es todavía elevado, tiende a decrecer al ser sustituido por otras fuentes de generación eléctrica y la disminución de su uso en el transporte (incremento de biocombustibles, automóviles eléctricos).
El gas natural es aún más escaso, por lo que lo importamos de Argelia, Nigeria y Catar. Nuestros yacimientos más importantes se sitúan en el Golfo de Cádiz. Se emplea mayoritariamente en la producción eléctrica en centrales térmicas. Su uso decrece actualmente por el empuje de las fuentes renovables, pero se prevé un crecimiento de su consumo al extenderse la red gasista por todo el territorio.
La energía nuclear de fisión es empleada en la producción de electricidad en las siete centrales nacionales con uranio importado de Níger. Su futuro es incierto, pues los problemas que comporta (riesgo de accidentes y almacenamiento de residuos radiactivos) son compensados con ventajas como su alta productividad energética y el hecho de no emitir CO₂.
Por su parte, las fuentes de energías renovables, todavía hoy minoritarias, constituyen el futuro de nuestro país y del mundo ante una evidencia ya ampliamente contrastada y compartida: la amenaza de la crisis climática. Las energías renovables más destacadas son:
La energía eólica es la energía renovable que más está creciendo en España, que ya se sitúa como 4ª potencia mundial y 2ª de la UE tras Alemania.
La energía hidráulica transforma la fuerza mecánica del agua en electricidad. Aunque la instalación de las grandes centrales hidroeléctricas causa serios problemas medioambientales, sí podemos considerar como renovables las centrales minihidráulicas diseñadas para respetar el equilibrio medioambiental del sistema fluvial.
La energía solar usa el calor y la luz del sol para producir agua caliente y calefacción, o bien, electricidad. Las centrales termoeléctricas y las centrales fotovoltaicas se localizan en zonas con abundantes horas de sol y en áreas rurales, donde el suelo es más barato.
La energía de biomasa consiste en la quema o fermentación de materia orgánica para obtener biogás que es usado con fines térmicos y eléctricos. De la biomasa podemos obtener también biocombustibles como el biodiésel y el bioetanol.
La energía mareomotriz aprovecha la fuerza de las olas del mar para generar electricidad.
La energía geotérmica proviene del calor interno de la Tierra, aprovechable para usos térmicos o para su conversión en electricidad. En España, su uso es insignificante. No obstante, se está utilizando en balnearios, piscinas, invernaderos, etc., sobre todo en las islas Canarias.
✓ La producción de ENERGÍA FINAL en España se centra en los productos petrolíferos, derivados del petróleo que se emplean en el transporte y la industria, y en la electricidad, que es en la energía más demandada debido a su alta versatilidad. La energía eléctrica se obtiene en centrales térmicas, nucleares, hidráulicas, eólicas y solares. La participación de las fuentes de energía renovable en la producción de electricidad ha crecido considerablemente en los últimos años en España: en la actualidad supone alrededor del 40%, destacando la energía eólica.
1.2. Factores de localización industrial
La localización de la industria se explica por la conjunción de una serie de factores que permiten un emplazamiento óptimo. En general, suele ser aquel que minimiza los costes, aunque para la empresa pública pueden primar factores políticos, como el desarrollo de zonas económicamente deprimidas, buscando un mayor equilibrio regional. La Tercera Revolución Industrial (tras la 2ª G.M.) y la globalización económica han cambiado el peso de los factores de localización industrial.
Pierden importancia la proximidad a las materias primas, a las fuentes de energía y al mercado de consumo ante la facilidad y el abaratamiento del transporte y la ampliación de las áreas de venta en el contexto de la globalización.
Mantienen su relevancia la mano de obra, tanto para las industrias que requieren mucha y poco cualificada como para las que necesitan profesionales cualificados; la disponibilidad de buenos sistemas de transporte y comunicación (autovías, aeropuertos, trenes de alta velocidad, redes telemáticas); el capital; y la política industrial.
Se convierten en protagonistas tres factores de localización que aportan competitividad a la industria. La tecnología (telemática, automatización) permite localizar la industria en los emplazamientos más favorables. El acceso a la innovación y a la información (existencia de personal, infraestructuras y servicios innovadores) es esencial para muchas industrias, sobre todo las de alta tecnología. Y el territorio proporciona ventajas competitivas a las empresas instaladas en él (recursos, mano de obra adecuada, entorno empresarial favorable, apoyo de los agentes sociales, y calidad ambiental).
Los cambios señalados han modificado las tendencias de localización industrial. Por un lado, se acentúa la difusión o la deslocalización de parte de la industria hacia espacios periféricos a causa de los problemas de las grandes concentraciones industriales. Por otra parte, a la vez, se mantiene la concentración industrial en los espacios centrales, dado su fuerte atractivo. Así, la situación actual es compleja, pues se da a la vez el fortalecimiento de la capacidad de atracción de los centros industriales y el aumento de las fuerzas difusoras desde estos hacia sus periferias.





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